Gracia y Paz hermanos, y que el Señor nos permita compartir un poco sobre la Espiritualidad, esa forma de vida que nos permitirá vivir como verdaderos Hijos de Dios.

La palabra espiritualidad como su nombre lo dice es, vida en el Espíritu, pero en el Espíritu de Dios.  Estamos hablando sobre la Vida que sigue las directrices del Espíritu de Dios.  Y para vivir esta espiritualidad debemos repasar algunas ideas que todos conocemos y hemos leído, pero que es el principio de esta vida a la que estamos llamados.

En Gen. 1, 17 leemos: “Y creo Dios al hombre a imagen y semejanza suya, a imagen de Dios lo creó”.  Y eso nos lleva hermanos a aceptar, que no somos cualquier cosa, no somos una de las tantas cosas creadas por Dios en el mundo.  No somos plantas, ni aves, ni animales, ni flores, ni lagos, ni mares, ni ríos, ni estrellas, ni soles, ni lunas.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y por consiguiente, debemos realizarnos en esta vida como Hijos de Dios.  No como los animales ni ningún otro ser viviente, SINO COMO HIJOS DE DIOS.

Dios nos ha creado para que seamos felices, para que seamos libres, para que vivamos en comunidad donde el AMOR sea la VIDA de todos y cada uno de nosotros los seres humanos.
Hemos sido “Creados para la realización plena en el Padre, con el Padre y para el Padre.  Entonces, hemos de vivir nuestra vida terrena, según este principio, en la seguridad de que hemos de regresar a nuestro hacedor y hemos de dar cuenta de cómo vivimos esa vida que El nos ha regalado.  Hemos sido creados para vivir en COMUNIDADES DE AMOR, de Vida, de Paz, de Esperanza, no en las comunidades que hemos creado los hombres, donde lo que impera es el odio, la muerte, la guerra, el pecado, la desesperanza, la envidia.

Más adelante dice Gen. 2,7 leemos: “Y formó entonces el Señor Dios al hombre del polvo del suelo y soplando le infundió en las narices un aliento de vida.”
Somos creaturas privilegiadas, somos hechos para compartir con Dios su propio Espíritu y para compartir con El su propia Vida.

El documento de Vaticano II, en el Lumen Gentium dice “Decretó elevar a los hombres para que pudiesen participar de su vida divina.”

Nuestro destino, nuestra vocación, no está entonces en el orden natural, sino en el orden sobrenatural, en relación, en amistad con Dios siempre.
Todo lo que hagamos, la forma de vivir nuestra existencia terrena, debe ser encauzada y guiada hacia este fin, el fin sobrenatural como Hijos del Padre, unidos a Jesús como hermanos, y en el Amor que nos inspiran el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo.
Como vemos hermanos, estamos viviendo en dirección contraria.  Hemos sido llamados a una vida plena en el Espíritu, pero estamos viviendo en la carne, dejándonos llevar por el mundo y complaciendo al demonio.

Cuando Dios le dio a Adán y a Eva, el paraíso para que vivieran, les dio también un precepto, una ley que debían cumplir.  Este precepto era, la obediencia.  Dice Gen. 2,17, “Impuso el Señor Dios al hombre un precepto, un mandamiento, diciendo: “De todo árbol del jardín puedes comer, pero en cuanto al árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, SEGURO MORIRAS.”
Vemos que con la venida del Pecado representado por la serpiente, que le hace ver a Adán y Eva, que no fueran tontos, porque lo que pasaba era que Dios no quería que ellos fueran como él.

Y Adán y Eva pecaron al desobedecer lo que Dios les había pedido.  Comieron del árbol prohibido, y Dios los arroja fuera del paraíso, donde habían vivido felices en amistad con El, y se cumplió lo dicho “seguro morirán”.
Vamos viendo, pues un comienzo de amistad total con el Creador, en la armonía de vida y espíritu, y un camino que se tuerce por nuestra desobediencia.
 
Pero hay tanto amor en ese Dios que nos creó, que siempre nos da una salida para que volvamos a sus brazos amorosos y sigamos compartiendo con El en la amistad que hemos perdido.  Y aquí entra entonces la Buena Nueva, la Gran Noticia, Jesús, Hijo de Dios, que se hace presente para terminar con esta sentencia del Padre “seguro morirán” y traernos la esperanza de una nueva vida con ellos, en la eternidad.

Y vemos entonces en el nuevo Testamento la parábola del Hijo Pródigo.  Ya todos la conocemos.  El hijo que le pide al padre que le dé lo que le toca de herencia, representa el deseo de vivir nuestras vidas como nos da la gana, no de acuerdo a las leyes establecidas.  Nos vamos a vivir en el pecado y luego cuando en un momento nos hastiamos de ese pecado, y sentimos hambre y necesidad de Dios, volvemos los ojos hacia atrás y nos damos cuenta que hemos perdido el camino.

“Aquí es donde estamos nosotros ahora mismo en esta encrucijada.”  Estamos en el pecado y queremos dar marcha atrás.
 
Nos hemos dado cuenta que no somos nada sin El, y volvemos los ojos pensando y ¿ahora como regreso? Y Viene entonces la segunda parte de la parábola, el hijo conciente de que tiene un Padre que lo ama y que debe estar esperándolo con los brazos abiertos, decide dar el paso y regresar a la casa del Padre.

Volvemos a reanudar nuestra amistad, nuestra relación de Padre-Hijos.  El nos abraza y nos llena de amor, manda a que nos cubran nuestra desnudez causada por el pecado, manda a preparar los mejores platos y a tocar la música, porque el Hijo que creía perdido ha regresado y esto es motivo de fiesta.

Que bello es saber que podemos regresar, podemos volver, podemos vivir en armonía con todas las cosas creadas por que somos Hijos de Dios.

Esta vida que vamos a comenzar a vivir, es la Vida en el Espíritu de Dios, la vida de amistad constante, la vida que es fuente de esperanza, de luz.  La vida que trasciende todo lo creado y se eleva al Padre en amoroso coloquio, en la inocencia del que se sabe nada ante El que es el “Todo”, pero que el todo no es El, porque el trasciende ese Todo.

La espiritualidad es el modo de vivir de los cristianos que quieren regresar al Padre Es la manera de vivir en santidad, porque El nos ha dicho: “Sed santos, porque Santo soy yo tu Dios.”  “Sed perfectos, como perfecto es vuestro Padre Celestial.”

No tengamos miedo, comencemos desde este momento a tratar de volver a la casa de nuestro Padre y quedarnos ahí con El.

La Espiritualidad es UNA SOLA, como uno es el Espíritu de Dios.  Ese soplo de vida que El nos ha infundido, es uno, es su propia naturaleza, es su propio ser.  Pero hay que entender que esta espiritualidad se vive de manera diferente de acuerdo a la situación de cada uno de nosotros los hombres.

Por ejemplo: El sacerdote tiene su propia espiritualidad.  El es el siervo de Dios que vela por el Pueblo de Dios.  El está llamado a trabajar para el Reino de Dios, haciendo posible que nosotros vayamos por el camino que conduce a ese Reino.  El tiene el deber de prepararse para ser guías espirituales de ese pueblo, ser fermento en ese pueblo, ser ejemplo de esa vida que trasmite.
El tiene sus deberes, sus obligaciones pero también tiene la Gracia de ese Padre que lo fortalece en este camino de soledad, de abandono, de nada.
“Nada soy sin ti Señor, porque solo en ti mi espíritu descansa”

Los médicos deben tener su propia espiritualidad en relación con sus pacientes.  Tienen que saber como ayudarlos en sus enfermedades, como infundirles esperanza, como sanarlos, confiando siempre en que Dios está con ellos y debe ser El, el que dirija este caminar. Ojala todos ellos aprendieran a amar más a sus pacientes, y depender más del poder de Dios, que de su propias fuerzas.  Deben orar más.

Y así todos y cada uno de nosotros estamos obligados a vivir nuestra espiritualidad conforme a nuestra propia situación.

Y nosotros los Apóstoles de Jesús y de María ¿Cómo debemos vivir está espiritualidad?

Yo creo que todos sabemos que debemos hacer, pero no nos da la gana de hacerlo. Suena duro, pero es así.  No queremos hacer lo que tenemos que hacer porque creemos que solo tenemos el compromiso de orar, los días que vamos a misa (si vamos) y los que tienen grupos de oración, cuando acuden a él.  Pero que en nuestro diario vivir, mejor lo hacemos a nuestra manera, y no tomamos en cuenta la Voluntad de nuestro Padre Dios.

Por ejemplo, tenemos a los jóvenes.  ¿Cuál es su vida?  ¿Cómo es su vida?  ¿Cuáles sus metas, sus sueños, sus esperanzas?
Vemos nosotros los padres con preocupación a tantos jóvenes perdidos en la droga, el aguardiente, el sexo, la vagancia, la desobediencia, las discusiones, las riñas, los odios, el pecado.  ¿Y qué hacemos los adultos?  Pues hemos perdido el don del diálogo y no sabemos que decir, como guiarlos, como orientarlos, y ni siquiera nos atrevemos a hablarles.  Nos hemos escondido en una concha como la tortuga y los dejamos hacer lo que les venga en ganas.

Ustedes jóvenes tienen una gran responsabilidad en esta Espiritualidad, ustedes están llamados a vivir como Hijos de Dios, haciendo que la voluntad de Dios se cumpla en los quehaceres diarios, en las aulas, en la calle, en las reuniones, en sus casas.  Es necesario que su vida cambie, que trabajen para la recuperación de la Gracia Divina, que ha de llevarlos por caminos de vida, esperanza, amor.

Y se preguntarán ¿Cuál es la voluntad del Padre?  Deben leer la palabra de Dios todos los días para que la descubran.  Pero yo les diré que la voluntad de ese Padre, es que hagamos lo que hemos visto hacer a su Hijo Amado.  Jesús nos enseña que su vida fue dedicada totalmente al servicio de los hombres.  El curó a los enfermos, resucitó a los muertos, convirtió a los pecadores, enseño el camino que conduce a su Padre.  Pero para hacer todo esto, dedico la mayor parte de su tiempo al Espíritu, a cultivar ese espíritu, a darle el alimento que necesitaba para poder Hacer lo que tenia que Hacer.

En la medida en que comenzamos este camino de amistad con la Trinidad Santa, Padre, Hijo y Espíritu Santo; en esa misma medida iremos conociendo la voluntad de ellos, iremos caminando estos caminos en su compañía, y haremos lo que Jesús hizo, vivir totalmente cumpliendo la Voluntad del Padre.

¡Tantos jóvenes acostumbrados a expresarse con palabras vulgares! ¡Tanto que les gusta comentar lo que hacen o dejan de hacer con sus parejas! ¡Que cantidad de muchachos y muchachas que tienden a tener relaciones sexuales indiscriminadamente, con quien quieren, cuando quieren, donde quieren! ¡Cuantos jóvenes que no respetan nada ni a nadie!  ¡Cuantos están involucrados con pandillas, que roban, matan hieren!   Los hombres y mujeres jóvenes no tienen metas específicas, viven de sensaciones, no utilizan el discernimiento para tomar las decisiones que deben tomar.  Es necesario un cambio de mentalidad y un cambio de corazón.  Es necesario Orar.

Y que no piensen los adultos y los de la tercera edad, como yo, que estamos salvos.  Nos toca hacer mucho más.
Nosotros estamos viviendo de odios, de bochinches, de rencores, de mentiras, de lujuria, de maldad.  También nosotros tenemos una vida sexual desenfrenada, también nosotros abusamos de la bebida. Cuantas veces vemos a parejas de novios o esposos, totalmente embriagados.  Que ejemplo para nuestros hijos ¿no es verdad? Cómo podemos exigirles que no tomen si nosotros lo hacemos y lo hacemos frente a ellos. Cómo decirles que no abusen del sexo si los padres lo hacen, si hay tantas relaciones extramatrimoniales. También nosotros engañamos, robamos.  También nosotros matamos las esperanzas de los que nos rodean con malos tratos, con insultos, con desamor.  Muchos de nosotros no cumplimos con los deberes que nos tocan cumplir, tanto en nuestro hogar, como en los lugares de trabajo, somos flojos, perezosos para nuestro deber con Dios y mansos y dispuesto para los pecados de la carne.

Necesitamos cambio de mentalidad y de corazón.  Necesitamos Orar.

En el Evangelii nuntiandi, leemos: “Cuantos más laicos haya impregnados del Evangelio, responsables de estas realidades y claramente comprometidos en ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar su plena capacidad cristiana, tantas veces oculta y asfixiada, tanto más estas realidades estarán al servicio de la edificación del Reino de Dios, y por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús.”

Y más adelante dice: “Nuestro Señor Jesús “a quien el Padre santificó y envió al mundo” hace partícipe a todo su Cuerpo místico de la unción del Espíritu con que El fue ungido, pues en El todos los fieles son hechos sacerdocio santo y regio, ofrecen sacrificios espirituales a Dios por Jesucristo y proclaman las maravillas de Aquel que de las tinieblas los ha llamado a su luz admirable.”

Definitivamente, hermanos que estamos todos llamados a participar de esta Espiritualidad Laical, ya que somos el pueblo de Dios caminante hacia la tierra prometida.

¿Cómo alimentaremos esta espiritualidad?

El 1er. alimento para el Espíritu es estar en la presencia de la Trinidad Santa, por medio de la oración.  Sobre este tema tendrá que darse una charla aparte, pues es extensa y muy profunda.
Solo les puedo decir que la oración para mí es la repuesta del hombre a la llamada del Padre.  Es El quien nos convoca a participar con de su Gracia.  Es El, el que nos llama, el que nos urge, el que nos da la fuerza para esta relación de amistad profunda con El.

El 2º. Alimento es la reconciliación.  Necesitamos reconocer nuestra debilidad ante los embates del demonio y tenemos que dar siempre el paso para reconciliarnos con nuestro Padre.  Debemos que tener la determinada determinación de estar siempre, ante la presencia de nuestro Señor Jesús, para tener las fuerzas necesarias para combatir el mundo, la carne, el demonio.

No permitamos que los pecados veniales, los “pecadillos” no desvíen del camino hacia la Santidad.  Tenemos el deber irrevocable de confesarlos a penas los cometemos, de lo contrario se harán una carga más pesada y al final nos apartaremos tanto del camino de la espiritualidad, que nos iremos secando, y seremos huesos en el cementerio de los muertos, donde no hay regreso, donde no hay esperanza de volver a la vida con quien tanto nos Ama.

¿Que confesar?  Todos los pecados de pensamiento, obra y omisión.  Especialmente este último que muchas veces se esconde en los “porqués” que damos por lo que hacemos.  Cuando realmente son pecados que hemos cometido.
Los pecados de pensamientos.  Cuántos pensamientos pecaminosos hay muchos de nosotros, cuántos pensamientos de muerte, de rencores, de odios, de venganzas.  Cuántas verdades que son mentiras o son medias verdades.  Cuánta envidia, celos, ambiciones.
Cuántas obras que son malos ejemplos.  Cuantas palabras que no debieron pronunciarse, cuanto daño que hacemos cuando vamos a visitar las casas donde se lee el Tarot, las guijas, donde se hacen baños, donde se hacen oraciones que ofenden la dignidad de nuestro Padre Dios.  Cuantos talismanes y velas para la suerte, para atraer al hombre o la mujer de nuestros sueños.  En fin cuantos y cuantas cosas hacemos que van contra el Espíritu de Dios que anima nuestra vida.

El 3º. Alimento es la Eucaristía.  Nuestro espíritu es muy débil todavía porque no lo hemos alimentado correctamente.  La Eucaristía es la fuente de agua que nos alimenta y nos conduce con seguridad por los laberintos de este mundo.

Pero este momento, debe ser un momento de encuentro personal.  Jesús hijo de María, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, que fue crucificado, muerto y sepultado, y que resucitó al tercer día, se hace presente en ese pedazo de pan y alimenta nuestro Espíritu para que vayamos caminando día a día en la presencia del Padre.
El se hace nada para estar con nosotros.  El que fue ultrajado y flagelado por nuestros pecados, después de haber hecho tanto bien a su pueblo, vuelve y nos dice: Yo te perdono hermano y si quieres ven y comparte conmigo el Pan de Vida, el Pan de Luz, el Pan de Amor.
Debemos llegar a este encuentro con un corazón y una mente limpia.  No lleguemos con la carga de pecados que llevamos a cuestas.

El 4º. Alimento es la visita al Santísimo.  Ante esta presencia Viva de Jesús, nada ni nadie puede decir que no encontrará la fortaleza y el conocimiento de la voluntad del Padre.  Visitemos el Santísimo, pero para quedarnos contemplando su presencia y escuchando sus palabras.
Yo les recomiendo llevar la Biblia.  Vayamos leyendo algún versículo de ella y meditemos su contenido.  Viviendo esta lectura a la Luz del Espíritu Santo, quién infundirá en nosotros el discernimiento correcto.  Nunca a nuestra propia inteligencia que usualmente se desvía e interpreta las cosas al revés.
¿Cuál entonces nuestro compromiso Cristiano?
Creo que ha quedado claro en todo lo que se ha dicho.  Es vivir en Gracia Santificante cada momento de nuestra vida.  Es vivir en el Espíritu de Dios.  Es ser mensajeros de la presencia de La Trinidad en nosotros.  Es amar, es perdonar, es servir, es transformar nuestras vidas actuales y llenarla con la vida en el Espíritu.
Es dejar atrás nuestra vida mundana, es abandonar el pecado, es abandonar los deseos desordenados. 

ES VIVIR EN LA LUZ, GUIADOS POR ESTA TRINIDAD DE AMOR QUE DE SEGURO NOS PERMITIRA GOZAR EN EL FINAL DE NUESTROS DIAS TERRENOS DEL CIELO PROMETIDO A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD.
SEAMOS NOSOTROS DESDE ESTE MOMENTO, HOMBRES NUEVOS, REVISTAMONOS CON LA ROPA NUEVA Y VAYAMOS POR EL MUNDO SEMBRANDO LA ESPERANZA, EL AMOR, LA JUSTICIA, LA PAZ EN LA DULCE COMPAÑÍA DE NUESTRA AMADA MADRE MARIA, Y GUIADOS POR EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPIRITU SANTO. AMEN, AMEN, AMEN.
 
     
“Señor Jesús, en estos momentos te queremos dar gracias por tu presencia, por tus enseñanzas, por tu amor infinito, por tu perdón.  Pero también amado Jesús, queremos darte gracias por el Espíritu Santo, que es Señor y Dador de Vida, que procede del Padre y del Hijo, y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y Gloria.  Queremos rogarte que nos ayudes a vivir en este Espíritu todos los días de nuestra vida.  Que podamos en todo momento estar en la presencia amorosa de ustedes Trinidad Divina, y escuchar sus palabras y cumplir su Voluntad.  Te amamos Trinidad Santa y deseamos entregarles nuestro corazón, nuestro entendimiento, nuestra voluntad.  Amen, Amen, Amen

OLGA BERGANTINO

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