Un indígena llamado Juan Diego atravesaba un cerro llamado Tepeyac, para escuchar la doctrina, al escuchar hermosos cantos se presenta nuestra querida Madre, la Madre de Dios quien le manda una tarea: “que construyan un Templo en dicho lugar”.

Juan Diego como buen cristiana obediente intenta realizar la tarea pero el Primer Obispo de la región, Mons. Juan de Zumárraga no cree en el relato del azteca.

Nuestra querida Madre nuevamente se vuelve aparece ante el indio para solicitarle la misma tarea, pero tampoco tiene éxito.  Pero ante la insistencia de Juan Diego, el Obispo pide una prueba para comprobar que la historia de Juan Diego sea cierta.  Además envía a sus ayudantes a que lo sigan para estar más seguro; pero lo que no se imaginaba era que el indio desaparece en el Tepeyac y se pierde de la vista de los españoles.

El azteca le comenta a la Virgen lo que le había solicitado el Obispo y ella dulcemente le pide que regrese al día siguiente para entregarle la prueba solicitada.

Esa madrugada del 12 de diciembre el tío de Juan Diego, quien se llamaba Bernardino se encontraba muy mal, tan enfermo que podía fallecer el cualquier momento, en esta encrucijada Juan Diego ante la gravedad decide buscar a un sacerdote para que ayude a su tío, siendo ésta razón de olvido ante la petición de nuestra Madre.

Pero Nuestra Madre al ver la desesperación y angustia de su pequeño hijo Juan Diego se le aparece en el camino y le da palabras llenas de fe y esperanza, y le pide que suba al monte para entregarle la prueba solicitada ya que su petición de la construcción del templo es una ayuda para todo el mundo.

Juan Diego al sentir ese amor y esa confianza de su Madre, sube al cerro y se asombra de ver las piedras florecidas a pesar de la escarcha invernal, las recoge y las coloca en su tilma, luego nuestra Madre las toca como signo de bendición.

Cuando Juan Diego llega al obispado frente al Obispo Zumárraga, es revelada una hermosa y maravillosa Imagen de nuestra Madre, Madre del Altísimo, repleta de hermosísimas flores, el Obispo al ver esto su asombro fue grandísimo casi sin palabras porque la prueba que él había solicitado estaba dada.

Lo maravilloso de esto, es que en este mismo instante Nuestra Madrecita se le aparecía al tío Bernardino para curarlo y decirle que es Guadalupe, la Perfecta y siempre Virgen, Madre del Verdadero Dios, Aquel por Quien se vive.

¿Quién era JUAN DIEGO?

Un indígena azteca, quien sus raíces no eran Católica, pero se dejó enseñar y moldear por Nuestro Padre Celestial, por medio de los primeros religiosos que llegaron a esa tierra.

Se dice que Juan Diego nació en 1474, y fue bautizado por los primeros españoles que llegaron a México (antiguo TLATELOLCO).

Era un artesano que iba y venía a Tlatelolco, y por ese ir y venir conocía la religión Católica, se dice que iba 2 veces por semana a la Santa Misa y al Catecismo el cual reflexionaba camino de regreso a su casa.

Muchas son las virtudes de este Beato que debemos aprender, pero toda se fundamenta en la FE, la cual no provenía de una religión de naturaleza, pero era la religión que él decidió; por medio de esa fe le permite a él ser OBEDIENTE y con una sola petición de Nuestra Madre decide cumplir con la tarea encomendada.

No solo decide cumplir con la tarea por cumplir, sino que realiza este mandato con diligencia, gusto y esperanza ya que su FE es tan grande que no dudaba de las palabras de Nuestra Madrecita.

Cuánto nos cuesta creer en nuestro Dios o/y en nuestra Madrecita?......

Este indio murió en 1548, después de 17 años de servir a la Señora del Cielo.  A sus 74 años, fue visitado por la Señora del Cielo, simultáneamente también a su tío Bernardino para avisarles que ya era hora de que fuese a conseguir y gozar en el cielo cuanto se le había prometido.

Juan Diego un indio lleno de virtudes, dignas de imitar:

HUMILDAD:

(Dice Juan Diego a nuestra Madrecita)

“Porque yo soy -le decía- un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no me paro”.

Al escuchar la orden determinante de Nuestra Madre de dar el recado al obispo, Juan Diego responde:

“acepto de buen grado la orden que me has dado, pues ésta es tu voluntad santísima”.

MORTIFICACION:

Desde que fue bautizado, nunca dejó de preocuparse por aprender y conocer más sobre Dios, y que dejó todo para dedicarse enteramente al servicio de la Nuestra Madre.

Un hombre sencillo, sincero, ingenuo que mortificaba su cuerpo de mil manera por medio del trabajo y de quehaceres humildes, barría y aseaba, estaba pendiente de lo que se le ofrecía al capellán para hacerlo todo con prontitud y buena gana.  El tiempo que le quedaba lo ocupaba en la oración y vivió ejercitándose en obras de mortificación, ayunos y disciplinas.

POBREZA:

Un hombre desprendido que no vivió por tener bienes terrenales, su entrega era total.  Según la historia por casi 17 años,  Juan Diego vivió sirviendo en la ermita dejando a su tío Bernardino casas, terrenos y propiedades.

CASTIDAD:

Consta históricamente que Juan Diego, aunque casado con María Lucía, conservó perfecta castidad.

“era viudo: dos años antes de que se apareciera la Inmaculada murió su mujer, que se llamaba María Lucía.  Antes vivieron castamente”.

Otros historiadores afirman que Juan Diego y su esposa guardaron castidad hasta después de haber recibido el Santo Bautismo.

PUREZA:

Un hombre que muestra serenidad y sosiego ante las apariciones de la Madre, su alma limpia y sencilla.

Juan Diego transmite serenidad, su mayor preocupación es estar bien con Dios, ya que toda su vida fue dedicada para agradar al Altísimo, y así lo demuestra ante la presencia de la Virgen, ya que era primordial cumplir con la tarea encomendada.

Se dice que por su pureza del alma fue elegido Mensajero.

OBEDIENCIA:

Dejar su YO para cumplir la voluntad de Nuestra Madre.

Al momento que recibe el mandato de la Virgen –dice la relación- se inclinó delante de Ella y le dijo:

“Señora mía, ya voy a cumplir tu mandato; por ahora me despido de Ti, yo, tu humilde siervo”.

Como si dijera: Tú eres mi Señora y yo tu humilde siervo.  Me has mandado ir a exponer tu voluntad soberana al Obispo de México, y voy en el acto; tu voluntad es mi ley.

A pesar de las dificultades que tuvo, Juan Diego nunca se dio por vencido porque para él, lo más importante es cumplir con la VOLUNTAD SANTISIMA DE DIOS.

FERVOR EUCARISTICO:

La historia cuenta, que dice literalmente el Padre Francisco de Florencia: “En la casa de la Virgen vivió ejercitándose en obras de mortificación, ayunos y disciplinas, comulgando con licencia del Señor Arzobispo tres veces en la semana, que es irrefragable argumento de su mucha pureza”.

Además se insinúa que el Obispo Zumárraga era director espiritual de Juan Diego y conocía su pureza, por tal razón le concedió tal privilegio, ya que es ese tiempo no era permitido la comunión frecuente.

San Juan Diego: SU CANONIZACIÓN

Tomado del Internet: www.corazones.org

Desde el 20 de noviembre de 1990, en la Curia del Arzobispado de México, se abrió el proceso canónico para recoger las pruebas sobre el milagro realizado por el Beato Juan Diego, concluyendo el 31 de marzo de 1994. El caso en cuestión, del 3 de mayo de 1990, fue la sobrevivencia de un joven de 20 años de edad, quien cayó de una altura de 10 metro aproximadamente sobre terreno sólido, con un fuerte impacto valorado en 2,000 kgs., con fractura múltiple del hueso craneal, y fuertes hematomas.

La Congregación encontró el proceso muy bien llevado, con textos que resultan bien informados y dignos de fe. En el conjunto, el caso disponía de una sólida base probatoria. El decreto de Validez de los actos del proceso es del 11 de noviembre de 1994. En la misma Congregación, el 26 de febrero de 1998, los médicos especialistas lo aprobaron por unanimidad (cinco sobre cinco), sorprendidos de encontrar la fractura soldada y sin manifestar ningún signo de complicación, con una altísima probabilidad de muerte y con una modalidad de curación rápida, completa y duradera; era una inexplicable curación según el conocimiento de la ciencia médica. La madre del joven fue la que, con gran fe, invocó al Beato Juan Diego por la salvación de su hijo. El 11 de mayo de 2001, en Congressus Peculiaris super Miro, los Consultores Teólogos, presididos por el Promotor de la Fe, aprobaron el milagro hecho por intercesión del Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin, con voto afirmativo por unanimidad. Sin duda alguna, el humilde Juan Diego es un ejemplo de santidad y un fuerte intercesor de su pueblo.

 

EVENTOS

06.02.2012 19:00 - 20:30
Grupo de Oración La Chorrera

07.02.2012 18:00 - 20:00
Grupo de Oración de Panamá

07.02.2012 19:00 - 21:00
Grupo de Oración San Carlitos - David, Chiriquí

09.02.2012 15:00 - 17:00
Grupo de Oración de Santa Marta

09.02.2012 18:00 - 19:00
Grupo de Oración Barriada El Carmen