| 06 Febrero 2010
Testimonio de Sanación
María del Pilar Ureña – Grupo de Costa Rica
Tenía 19 años cuando me casé con la bendición de Dios y María Santísima. Al pasar el tiempo tuve 4 hijos, vivía muy feliz pensando que todo lo que poseía inclusive mis hijos eran míos por siempre. Empecé a asistir a un grupo de oración y Dios me tenía una sorpresa muy grande.
El segundo de mis hijos se llamaba Enrique Javier tenía 14 años, empezó con dolores de cabeza y se descomponía, lo llevé donde varios médicos, uno decía que era la pubertad, otro no creyó en su malestar y hasta se rió de él. Una noche que andaba en el grupo de oración se puso mal y pasó la noche con vómitos y descompuesto, llamamos al médico a las 5:00 p.m. y no llegó hasta mucho después que se le había hecho varias llamadas. Mientras trascurría la noche, oré y le dije a Dios que se hiciera su santa voluntad y no la mía, quizá de los dientes para afuera o pensando que se iba a sanar. Cuando el médico se apareció lo examinó y lo envió al hospital diagnosticándole Meningitis, no encontrábamos una ambulancia para transportarlo. Lo llevamos en un carro particular y se nos murió en el camino. Era una personita de ojos azules muy bellos, inteligente, amoroso, obediente y muy religioso.
Camino amargo que empecé a recorrer con el corazón destrozado, con el dolor mas grande que puede existir, me quedaron muchos remordimientos, sentimientos de culpa, rebeldía y resentida con Dios por lo que me había hecho.
Empecé a buscar respuestas que nadie me pudo dar (sacerdotes, médicos, consejeros), muchas personas me recomendaron que recibiéramos terapia con sicólogo lo que mi esposo nunca quiso y fuimos viviendo el dolor cada uno por separado, con tres hijos mas a los cuales había que guiar, educar y sin saber cómo. Nunca logramos sentarnos todos a hablar, a llorar, abrazarnos, y compartir el dolor y la amargura que un acontecimiento de esa magnitud deja. Fueron tres años que creí volverme loca de dolor, sola, culpándome y culpando a mi esposo en parte por no haber hecho algo más por nuestro hijo.
Vino el desastre de mi matrimonio, la economía comenzó a caer tan rápidamente hasta quedar sin nada. Durante 17 años viví resentida con Dios y jamás había confesado mi pecado.
Una amiga me invitó a una convivencia en Panamá y dije que sí, sin pensar el gozo y la dicha que iba a experimentar. Confesé mis pecados y todo el dolor que arrastraba se convirtió en Esperanza, Fe y Amor.
A través de la oración que hiciera la Madre fundadora de ese apostolado llamado Apóstoles de Jesús y María viví un encuentro con Jesús, José y María y bendigo a nuestro Señor todos los días por haberme devuelto tantas bendiciones y haber sanado mi corazón.
Espero que este testimonio sirva para bendecir y alabar a Dios nuestro Señor y a la Santísima virgen María y para el fortalecimiento de este apostolado.
He leído muchos libros que me han servido de terapia y superación personal para lograr perdonar a tantas personas y a mi esposo en especial. Pido a Dios nuestro señor nos fortalezca en este valle de lágrimas y nos lleve a gozar de su reino por Cristo nuestro señor, amén.



